martes, 12 de julio de 2016

Ciclismo, enseñanzas a cada pedalazo


Por: Narciso Obando López, Pbro.

Para muchas personas la bicicleta es una pasión, es la vida, y por sobre todo es un deporte de valientes que no tienen marcha atrás. Se está solo ante el camino, ya sea tierra o asfalto, y siempre con el ideal de llegar más lejos, más rápido. Pero también es el deporte de la amistad, de la solidaridad, del respeto por el otro y de muchos más valores, que aplicados a la vida, nos servirían para ser mejores seres humanos. En esta oportunidad mi intención es poder transmitir un poquito de las enseñanzas de este bello pero duro deporte.

El ciclismo –también aplicado a la vida cotidiana-, nos enseña a no desfallecer cuando el esfuerzo casi que doblega nuestra voluntad para continuar pedaleando. Con el ciclismo se aprende que es necesario definir metas en la vida, que alcanzarlas exige sacrificio, paciencia y disciplina, que son los factores que nos permiten sentir una satisfacción inmensa al alcanzarlas. Nada que sea bueno, se consigue fácilmente.

El ciclismo enseña que tan importante como alcanzar las metas es disfrutar el camino. No importa la posición en que terminas cada etapa, primero o último,  siempre habrá quienes vayan más rápido y te motivan a mejorar, pero habrá también quienes vayan más lento porque están recorriendo el camino por el que alguien ya pasó. Por eso, el ciclista es humilde y solidario. El alcanzar una meta es sólo el inicio de un nuevo rumbo, de nuevas experiencias y de nuevos aprendizajes.

El ciclismo es el mejor ejemplo de un trabajo en equipo bien entendido. Enseña que nadie pedaleará por ti, nadie puede cargar tu bicicleta, pero en equipo, pedaleando juntos, cada uno desempeñando su rol, líder o gregario, las metas se logran más rápido, más fácil y más alegremente. No hay nada más satisfactorio que la meta compartida.

Es maravilloso encontrar madrugadores que sobre sus bicicletas enfrentan un reto diferente al de su cotidianidad: Subir un alto, recorrer un trayecto de varios kilómetros, una bajada que pone los nervios de punta; siempre encontraremos al menos unos cuantos intrépidos o testarudos, como quieran llamarlos, que a pesar de la lluvia o el frío deciden salir del calor del hogar para disfrutar de una espectacular panorámica al amanecer, de la sensación de una mañana fresca y de un cansancio estimulante en las piernas que hace sentir que cada pedalazo los hace sentir vivos y más fuertes.

Quizá uno de los aspectos más bellos del ciclismo es que, cuando se está sobre una bicicleta no se es médico, obrero, ingeniero, gerente, vendedor, mensajero, abogado, conductor, policía, etc.; sólo se es persona, hombre y mujer en la más exquisita sencillez, que comparten el placer del camino, la alegría de una meta conjunta alcanzada, la solidaridad y la amistad que los hace ser compañeros de ruta.