jueves, 20 de febrero de 2014

Dirt Riders MTB Family | Recorre América sobre una rueda..!!!


El joven deportista Cary Gray salió de la capital estadounidense con el objetivo de recorrer todo el continente. A su paso por Cancún, habla con Luces del Siglo de su inspiración y el ambicioso proyecto de romper récords mundiales.

Con la idea de conocer Sudamérica de una forma poco usual, el norteamericano Cary Gray comenzó, a principios de 2013, los preparativos de un largo viaje. Hoy, el afán de romper un récord mundial lo ha llevado a recorrer casi 13 mil kilómetros montado sobre una sola rueda.

Ir en avión le pareció aburrido. De mochilero, sería un viaje muy lento y poco emocionante. Fue entonces cuando decidió hacerlo en una bicicleta, pero algo en su interior le dijo que sería una aventura más interesante si lo hacía sobre un monociclo, vehículo que dominaba a la perfección desde que su tío le heredó el suyo hace 15 años.

Una vez definido su plan, se dedicó a buscar patrocinadores, y los encontró en un concurso organizado por la tienda de monociclos Kris Holm Unycicles, quienes le proporcionaron su vehículo.

El 9 de julio de 2013, Cary partió desde la capital estadounidense, Washington, rumbo a Toronto, Canadá, con la idea de incluir otro país a su recorrido. A partir de ahí, comenzó la aventura que lo trajo, a finales de enero de 2014 a las costas quintanarroenses.

Rodar y rodar. Graduado de una escuela de Artes, Cary Gray entró a trabajar en la industria restaurantera, cerca de Washington, donde se dedicó a ahorrar lo necesario para comenzar su viaje.

“Ahorré mucho dinero pero también gasté mucho. Se gasta, por ejemplo, en las partes del monociclo. Obviamente también en comida, pues necesito más de 4 mil calorías al día, y también gasto en hostales, aunque usualmente acampo”, relata el deportista.

Desde un año y medio antes de partir, Cary comenzó a entrenar en un monociclo para convencerse a sí mismo de que el viaje era posible. Su método fue cargarlo con pesadas maletas y dedicarse a subir y bajar colinas, a fin de acostumbrar sus piernas a los más de 40 kilos que cargaría durante el viaje.

Este peso incluye el monociclo y el resto se divide entre su sleeping bag, sábanas, un pequeño botiquín de emergencia, herramientas, refacciones, insecticida, algo de comida y los aparatos electrónicos que utiliza para actualizar su sitio web y mantenerse en contacto con su familia.

Para Cary, sus padres ha sido la base de todo su esfuerzo. Desde los 10 años, fueron su padre y su tío quienes le regalaron su primer monociclo y le enseñaron a rodarlo. Por lo que cuando comenzó su viaje a lo largo de Estados Unidos, una parada obligatoria fue su natal Saint Louis.

“Mi familia me apoya, creen que estoy loco, pero me aman. A veces me mandan cosas por correo, y cada semana estoy en contacto con ellos”, indica.

En el camino se ha encontrado con gente que le ayuda, amigos de viaje y cientos de curiosos que se le acercan creyendo que se trata de alguien famoso. Con algunos de ellos, Cary ha aceptado tomarse una foto y, de paso, les pide apoyo económico para sostener su viaje, pues de sus ahorros iniciales le queda prácticamente nada.

“Cargo un letrero donde dice que acepto donaciones si se quieren tomar una foto conmigo. Un dólar, diez pesos, lo que sea es bueno. Si no me quieren dar nada, pues también qué bueno”, dice con una sonrisa.

Adicionalmente, puso en su página web (www.caryoutthere.com), un botón para que la gente pueda apoyarlo vía Internet, con dinero para sus refacciones, ya que el desgaste que sufre el monociclo por rodar hasta 70 kilómetros en un día, “le pasa la factura” periódicamente.

Y lo que no utiliza para subsistir, se convierten en donaciones para Greenpeace, International Child Art Foundation y Sy’s Fund, una fundación que apoya a adultos jóvenes con cáncer. Estas causas son otros de los motores de Cary.

De las anécdotas que acumula en su viaje, destaca dos escenas en la Península de Yucatán. La primera ocurrió en Ciudad del Carmen, Campeche, una noche lluviosa en que las hormigas rojas atacaron su campamento, se metieron a su comida y le picaron las piernas. No pasó de una mala experiencia, pero perdió todas las provisiones de ese día.

La segunda ocurrió días más tarde, cerca de la localidad de Uxmal, Yucatán. Cary armó su campamento en un lote baldío y fue sorprendido en medio de la noche con un arma apuntándole. El dueño del terreno le preguntó que quién era y él, con español entrecortado, le dijo que estaba “viajando en bici”.

“Me dijo que me asomara y cuando salí me vio y dijo ‘ah, eres sólo un güero, no te preocupes, güero, quédate ahí’”, cuenta entre risas.

Pero en general, su estancia en México le pareció bastante satisfactoria. Poco o nada de lo que se dice de nuestro país en el extranjero le tocó vivirlo, a pesar de que ingresó por la frontera de Tijuana y atravesó las principales ciudades hasta llegar a Cancún, donde estuvo la última semana de enero.

“En México, como en cualquier lugar, hay gente peligrosa, pero yo nunca me he topado con ella. Sólo mantengo los ojos abiertos para no meterme en ningún problema. Lo importante, es que algunas de las personas más amables del mundo, viven aquí”, comenta entusiasmado.

Esto lo dice en base a las amabilidades que recibió a lo largo de nuestro país. En Puebla, la familia Mendoza lo invitó a su mesa y en cada lugar por el que pasó, la gente le ofrecía algo de tomar.

Completar América. A principios de febrero, Cary cruzó la frontera con Belice, completando así 12 mil 800 kilómetros de recorrido, cada vez más cerca de batir el récord mundial, establecido recientemente en 15 mil 900 kilómetros por el australiano Samuel Johnson.

Para que Guiness acepte el récord, el aventurero joven tendrá que juntar evidencias de que hizo el recorrido, lo que incluye indicadores de GPS, testigos, fotos, videos y entrevistas. Él espera batir la marca mundial al llegar a Panamá.

El plan es alcanzar tierras argentinas a finales de enero de 2015, pero el viaje no termina ahí. Una vez llegando a Tierra del Fuego, Cary planea regresar a Brasil y de ahí tomar un vuelo a Portugal, donde comenzará la segunda parte de su récord: un viaje por Europa y Asia.

“Toda la vida me ha gustado la aventura. Desde que recuerdo he usado el monociclo, me gusta el ciclismo downhill, de trucos y hasta escalar rocas. Siempre ha sido la aventura y ahora quiero romper este récord”.