lunes, 8 de julio de 2013

O tus 28 bicicletas o yo, me dijo mi esposa..!!!


“Tengo 28 bicicletas clásicas en casa y mi mujer me puso un ultimátum: o empiezo a deshacerme de ellas o me voy acordar de quien es ella", comenta Javier Hernández, comerciante en el ramo papelero, pero antes de cualquier clasificación a su persona hay que estar seguros de algo, Don Javier es un empedernido amante de las bicicletas clásicas.

A Javier Hernández le conocí este domingo durante el XI Mercado de Trueque Bicicletero, mercadillo de pulgas ciclistas, efectuado en el Parque San Lorenzo de la colonia del Valle.

El Mercado de Trueque Bicicletero es una iniciativa ciudadana que este domingo se desarrolló durante el ciclo-paseo recreativo que se efectúa una vez al mes por calles de la delegación Benito Juárez.

En este mercado se dan cita amantes de las bicicletas clásicas para intercambiar piezas, conocer, admirar y hablar exclusivamente de bicicletas, pero no de  cualquier tipo, deben de ser clásicas, rarezas que algunos iniciados en el arte del coleccionar desean y buscan obtener por medio del truque, una de las constantes en éste mercado es que no se usa dinero, sólo cambio en especie.

Me acerque a ver el cuadro de una Raleigh y se acercó Don Javier. “Las estoy cambiando porque me tengo que deshacer de ellas, mi esposa está muy enojada porque tengo 28 bicicletas en casa y dice que solamente me puedo quedar con 8. Me duele en el alma, pero si quiero llevar la fiesta en paz en la casa lo tendré que hacer. Pero la verdad es que les tiene celos porque paso más tiempo con mis bicicletas que con ella”, narra Javier Hernández con cierto aire de tristeza dibujado en su rostro y que su voz delata.


El señor Hernández tiene poco más de 8 años de haber empezado su colección de bicicletas, y tiene bien identificadas a sus consentidas. “Tengo una Murray 1940 que aún monto de vez en cuanto, una Hawtron, tipo crucero, hermosa y, una de las joyas de mi colección es una Humber de pista doble plato el fijo y el libre, esta bicicletas es alemana y hermosamente fabricada.

"También tengo una Pireli rodada 26” y así por el estilo tengo un Toyota, aún empacada. Preciosa. De estas bicis si que no me voy a deshacer nunca, ni porque mi mujer me lo pida”, me comenta don Javier mirando a su alrededor jugando a que su esposa lo estuviera observando. Después me confieza que su mujer salió de fin de semana, lo que le permitió venir y pasar una mañana con gente que tiene la misma afición que él y como él mismo dice

“Aquí sí me comprenden, saben lo que es admirar la belleza y manufactura de bicicletas bien hechas, que al menos tienen 35 años de uso”

Don Javier me explicó cuales son algunos de los parámetros que se deben observar en las bicicletas para considerarse clásicas. Dice que primero debe de tener al menos 30 años de antigüedad para que se le considere clásica, contar con todas sus piezas originales y de ser posible con la pintura original aunque esté oxidada: esto le aumenta el valor.


También comenta que deben ser posibles de pedalear y funcionar, aunque como Don Javier dice, “son como las jovencitas del Playboy, que son para admirarse, máximo para sacar a dominguear, su hermosura debe despertar respeto, no son para el diario”. Y lo más importante, nunca haber sido restauradas, esto las devalúa en demasía.

Pude pasar la mañana completa escuchando a Javier Hernández hablar de bicicletas, platos, bielas, marcas, historias sobre el mundo de la bicicleta, pero sabía que había mucho por ver y mucho más por conocer.

A escasos pasos del lugar se encontraba una bicicleta para niño, color rojo, que la reconozco como una Apache hecha en México, mis cálculos por las líneas de su geometría y asiento me dicen que es de alrededor de los años cincuenta. Me acerco a preguntar e inmediatamente se acerca Ana López y sin que le pregunte nada me voltea a ver y señala el objeto de mi atención.

“Sí, es una Apache Road Master del año 51, tengo un taller de restauración que se llama La Burra Antigua, ahí la pintamos, es lo único que se le hizo de trabajo, todo es original”, me dice con aires de orgullo. Ana dice tener un año con su taller de restauración en la colonia Ajusco Coyoacán, pero que tiene muchos años de coleccionar y por esa razón se dedica a la restauración de este noble vehículo.


En su puesto lo qué más hay son bicicletas para niños de una época comprendida entre la década del 50 y hasta los 70.

Seguí mi incursión por los puestos que cuentan historias de un tiempo en que el automóvil no era el tirano dueño de las ciudades como hoy le conocemos, cada puesto con sus artículos meticulosamente ordenados expuesto a los ojos de los coleccionistas, narran alegrías y rutas pedaleadas por sus dueños originales hace mucho tiempo. Cuentan la evolución de este noble vehículo de una forma lúdica y al alcance de todos.

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