jueves, 27 de junio de 2013

Que nos motiva en el Mountain Bike?


Aunque se supone que hacemos este deporte por diversión y por salud, a veces nos preguntamos si el Mountain Bike es realmente beneficioso, ya que durante nuestras rutas nos exponemos a todo tipo de situaciones y del todo agradables. ¿Qué nos empuja a hacer esto?

Te has levantado a las 7 de la mañana ¡un domingo! Te has congelado durante las primeras bajaditas del día y a la vez has sudado como gorrino en cuanto el sol ha empezado a calentar. Has tenido que empujar la bici durante esos 300 metros finales de esa trialera imposible, llegando arriba con unos amagos de calambres importantes. Te has puesto de barro hasta las orejas y tus piernas acaban abrasados por las ramas de las jaras que se empeñan en cerrar ese sendero lleno de piedras. Todavía llevas un par de espinas clavadas de las típicas zarzamoras que invaden cualquier camino. No puedes con tu alma y cualquier repecho se convierte en un auténtico muro. Tienes un hambre que te comerías una vaca entera. Aun así, llegas a casa con una cara de felicidad que hasta tu mujer te pregunta que si te has dado un golpe en la cabeza o algo para estar con esa cara de tonto feliz…

No sabes muy bien si esto es bueno para tu salud, pero lo que está claro es que llegas a casa con una satisfacción personal increíble. Estás en un estado de sosiego y buen rollo que me imagino podría compararse con los efectos de cualquier droga dura. Estás enganchado, lo reconoces y punto. ¿Es esto común a todos los bikers? ¿Por qué disfrutamos sufriendo? ¿Seremos un poco masoquistas?

Haciendo un poco de investigación por la web encontramos un pequeño estudio llevado a cabo por un estudiante norteamericano (Glen Bryn Probert) en 2004 para la obtención de su grado universitario. El título del estudio es el siguiente: “Una investigación para determinar si la práctica del mountain bike facilita la evasión y la libertad mental”. El estudio consistió en la elaboración de un extenso cuestionario que fue completado por 35 bikers, principalmente norteamericanos. A su vez, el autor también hizo una investigación bibliográfica al respecto.


Las principales conclusiones del estudio fueron las siguientes:

Aunque no se haga deporte, está demostrado que el mero hecho de desplazarse hasta un entorno natural ya hace que la mente alcance un cierto grado de evasión y desconección de la vida cotidiana, asociándose con estados mentales de bienestar. Si además añadimos la práctica del mountain bike, los resultados son todavía mejores.

El hecho de ir conduciendo un artilugio con ruedas por el campo, pone a la persona en un estado superior, ya que tiene un control total de sus actos en forma de velocidad, equilibrio y dirección. Esta sensación es la que se denomina o se percibe como aventurera.

Cuando se experimenta este tipo de vivencia “aventurera” lo que sucede es que se genera una sensación de responsabilidad importante sobre lo que se está haciendo, ya que cualquier error o despiste podría tener consecuencias fatales en forma de caída. Esta responsabilidad hace que la experiencia sea realmente intensa, generando un importante estado de concentración en lo que se está haciendo. Cuando se está en este estado, las obligaciones y problemas de nuestra vida cotidiana desaparecen totalmente de nuestra mente, generando esa sensación de evasión y desconección del resto del mundo.

La práctica del mountain bike también tiene una connotación y una motivación de tipo social, es decir, que la práctica en grupo aumenta la dosis de diversión y a su vez ayuda a crear otros lazos sociales diferentes a los laborales o familiares. Es otra motivación más de este deporte. De hecho, es mucho más fácil salir a montar cuando se ha quedado en un grupo que uno solo.


Curiosamente, en el estudio no se detecto una gran motivación respecto a la mejora de la técnica y el aprendizaje de nuevas habilidades. Es llamativo porque el componente técnico del mountain bike no deja de ser elevado.

Aunque no es exactamente la palabra peligro, muchos de los bikers encuestados valoraron positivamente la sensación de emoción que experimentan en sus salidas. Esa pequeña sensación de miedo o incertidumbre que se experimenta en algunas bajadas es otra de las motivaciones encontradas en el estudio.

Muchos bikers perciben el deporte como un reto personal, que cuando se supera genera un elevado estado de bienestar así como una agradable sensación de logro o éxito.

El resumen final del estudio es que efectivamente el biker experimenta un nivel de evasión y sobre todo de autorrealización cuando sale a hacer una ruta en bici. En estos casos, la motivación es tan elevada que supera con creces esos pequeños inconvenientes que tiene nuestro deporte: el frío y el calor, mojarse y mancharse de barro, llevarnos a estados de fatiga elevados, llenarnos de arañazos o cargar con la bici al hombro por un pedregal infernal.

El problema es que a veces el afán por superarnos, el tamaño de nuestro reto o el empeñarnos en imitar a otros ciclistas supera nuestras capacidades físicas, haciendo que lo que se supone que hacemos por diversión se convierta en un calvario o un sufrimiento.

Aplicando el sentido común, podemos enumerar una serie de premisas que nos permitirán disfrutar a tope de nuestro deporte y alcanzar ese nivel de satisfacción que todos buscamos cuando acabamos una ruta:


Adecuar la dificultad física de la ruta a nuestras capacidades físicas. Esta es la norma que con más facilidad se infringe. Un ejemplo muy claro lo podemos ver en eventos de extrema dureza como puede ser el Soplao: una ruta de mountain bike de 160km con 4000m de desnivel no está al alcance de cualquiera. Hace falta tener una buena preparación para su realización. Sin embargo, todos los años siguen apuntándose cientos o incluso miles de bikers cuya condición física no es la adecuada para este tipo de rutas, sin ser conscientes de que realizar este tipo de retos supone arriesgarse a una serie de lesiones y peligros además de dejar de disfrutar cuando se alcanzan niveles de fatiga extremos.

Adecuar la dificultad técnica de la ruta a nuestro nivel técnico. Los peligros de meterse en trialeras muy complicadas sin tener un buen nivel de manejo de la bici son obvios. Además de las posibles caídas, la experiencia de bajar andando no es de las más divertidas.

Comer y beber. Si vamos a hacer rutas largas (más de 3 horas), es imprescindible que durante la misma bebamos o comamos cualquier alimento rico en hidratos de carbono (azúcares). Igualmente, es importante tomar alguna bebida que nos aporte las sales minerales que perdemos con el sudor. El cansancio que aparece después de 4 o 5 horas de ruta es principalmente energético, es decir, que los músculos han agotado su combustible. Como los hidratos de carbono es la gasolina muscular, es imprescindible ir reponiendo el depósito. Los riesgos que corremos si no seguimos estas indicaciones se asocian a sufrir hipoglucemias, mareos e incluso pérdida de consciencia.

Realizarse una prueba de esfuerzo cada 4 o 5 años para que un médico especialista en medicina del deporte confirme que nuestra salud cardiovascular está en perfecto estado.