jueves, 21 de marzo de 2013

Dejarse ver en bicicleta, necesidad y obligación


Si ya es complejo para un ciclista hacerse notar en determinadas circunstancias, cuanto más lo será si no ayudamos a la visibilidad de nuestro vehículo y nuestra persona con todos los medios al alcance, ¿no es cierto? Para conseguir que todos los ciclistas circulen bien visibles, existe alguna ley que complementa la falta de sentido común en algunos casos.

Los conductores de bicicletas, de noche, si circulan por una vía principal, además de llevar encendidas las luces de posición, deben de llevar alguna prenda reflectante que permita a los conductores y demás usuarios distinguirlos a una distancia de 150 metros.

El alumbrado de las bicicletas
Si solo circulamos de día, no hay obligación de llevar alumbrado en la bicicleta de forma permanente. El problema es al caer el sol, cuando pasamos de un bonito atardecer a una penumbra incómoda o a la noche oscura.

En ese caso, haber salido de día con la bicicleta no nos sirve de excusa: “yo salí de día, pero oiga, se me ha hecho de noche y…”. Pues haber montado las luces. Es obligatorio llevar alumbrado (funcional, se entiende) si se circula de noche, “entre el ocaso y la salida del sol, en pasos inferiores o túneles, o en vías urbanas o interurbanas insuficientemente iluminadas” Añade la norma que deben ser visibles a una distancia de 150 metros.

Este es el alumbrado mínimo:
  • Luz de posición blanca en la parte delantera
  • Luz de posición roja en la parte trasera
  • Reflectante rojo en la parte trasera que no sea triangular
  • Refelectante amarillos en los radios de las ruedas y, opcionalmente, en los pedales

No llevar el alumbrado cuando circulamos de noche en bicicleta es un poco irresponsable. El sentido común debe hacernos ver que no brillamos de forma natural en la oscuridad, y que los conductores de otros vehículos reaccionan a los estímulos luminosos… sobre todo en las ocasiones en las que las condiciones son tan malas que no se ve “tres en un burro”.

El reflectante, nuestro amigo durante todo el día

Seamos claros: no es obligatorio ir cubierto de prendas reflectantes a plena luz del día. Sí lo es cuando cae el sol, en el conocido caso “entre el ocaso y la salida del sol, en pasos inferiores o túneles, o en vías urbanas o interurbanas insuficientemente iluminadas”. Independientemente de que sea obligatorio o no, los elementos reflectantes nos sirven para una cosa fundamental: no pasar desapercibidos.

Es fundamental, sobre todo si nos paramos a pensar en qué ocurre cuando un conductor de cualquier otro vehículo no nos ve, y su trayectoria se corta con la nuestra en algún momento. Siempre diremos que el elemento de serie más preciado para el conductor es su sentido común. Ya es algo malo cuando ese sentido común es un “extra”, pero si lo deja uno en casa, mejor no salir.

Sobre la bicicleta somos nosotros el motor, la caja de cambios, el turbo, pero sobre todo, somos la carrocería, la superficie que impactará contra los obstáculos, que se arrastrará por los suelos. Merece la pena pararse un momento y desarrollar un respeto importante por lo que vamos a hacer. Si no disponemos de alumbrado instalado en la bicicleta, no circulemos en condiciones de visibilidad escasa.

Si no disponemos de reflectantes, por cualquier cosa, invirtamos un poquito de dinero en comprar un chaleco o, al menos, unas bandas reflectantes. Es por nuestra seguridad.