jueves, 1 de noviembre de 2012

Una Historia de día de Muertos | 2da Parte




Mi tío, como si hubiera oído lo que pensé, me contesto -No te preocupes, todo estará bien… Continuamos caminando, pasamos por un mercado donde vendían las mejores frutas y verduras pero no tenían el más mínimo olor, entramos por un callejón y justo al final, a la derecha, había una pequeña puerta.

Mi tío me invitó a pasar, pero él se quedo afuera, junto a la puerta, como si cuidara la entrada. Entré a la casita, se trataba de un casa humilde pero confortable, las piezas eran corridas y el techo muy bajo, me quede en el cuarto de adelante, en la puerta que conectaba con los demás cuartos se veía oscuro. Los cuartos eran muy pequeños, más pequeños que las casas de infonavit, pero se veían bien pues no tenían muchos muebles, sólo lo necesario.

Mi tío Manuel asomó la cabeza hacia adentro y me dijo, -Ve al siguiente cuarto, allí te esperan, camine y pase por la puerta oscura que conduce al siguiente cuarto, de pronto, todo se iluminaba al estar dentro. Como si pasaras a otra dimensión.

Allí vi una mesita redonda en el centro y sentada a la mesa había una hermosa ancianita, que al acercarme a ella, me di cuenta de que era mi Bisabuela Mamasil, ella fijo su mirada en mi y pude ver que esbozó una linda sonrisa demostrándome que le daba un gusto enorme volver a verme al igual que a mi, la abrace por un largo rato tratando de recuperar el tiempo de su ausencia.

Aun abrazado de mi bisabuela, sentí una mano firme en mi hombro que me decía, -Mi cachito de cielo! …Me dije para mis adentros -Don´t fuckin mames..!!! El único que me decía así era mi abuelo Carlos, we… Soltándome de mi bisabuela me di la vuelta para darle un gran abrazo a mi abuelo que tenía mucho más tiempo de no verlo. Fue el primero que se nos fue. Al abrazarlo sentí que su barba me raspaba las mejillas como en antaño, y sentí las mismas cosquillas que me gustaban. El abuelo Carlos, me acuerdo que me hizo un patín del diablo de madera y pintado de plateado, con el que recorría la terraza de la casa de la 48.

Después de los efusivos abrazos y besos, nos sentamos a conversar, me dijeron que se sentían muy bien, no les dolía nada, no tenían achaques y que estaban muy felices... Y se notaba!

Mi bisabuela, que vestía su eterno hupil, se levantó y se fue a lo que me imaginé era la cocina y trajo unas espumosas tazas de chocolate caliente hecho a mano con molinillo y unos “pimitos” de puyul… Mientras los "devoraba" me decían que ellos estarán presentes siempre y cuando exista alguien que piense en ellos, que los tenga en sus recuerdos… Y que cuando ya nadie los tenga en su mente, simplemente desaparecerán, se evaporarán y pasarán a otro nivel superior, donde los prepararán para la reencarnación, según hayan sido sus actos anteriores y su arrepentimiento, reencarnarán en lo que un ser mayor y poderoso decida, para darles una nueva oportunidad de vivir y hacer algo importante en el mundo terrenal.

Mi bisabuela levanto los trastes de la mesa y me indicó que yo pasara sólo al siguiente cuarto, allí había una pequeña mesa cuadrada, en el centro había una cerveza clara de las grandes, cahuama pues, bien fría y dos vasos de cristal, pero no había nadie, me senté a la mesa para ver que sorpresa me esperaba, a mis espaldas escuche una voz que me decía –Que onda cabrón, pensaste que se me olvidaron las chelas que te prometí..???
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Era mi primo Carlos vestido tan sencillo como siempre con una playera sport sin mangas y un short de mezclilla, nos saludamos de mano de la forma especial que inventamos y nos dimos una gran abrazo y nos sentamos, el me sirvió un vaso de cerveza cuidando que no le salga espuma como nos gusta tomarla.

Inmediatamente recordé que unos días antes de su lamentable fallecimiento, habíamos quedado de acuerdo de tomar unas cervezas en casa de mi mamá, pues hace tiempo que no convivíamos como antes, por cuestiones de trabajo y familia… Pero ya no se pudo. (El era piloto aviador e instructor de vuelo, su avión cayo en los manglares de Cancún, Q. Roo a causa de una tormenta).

Le pregunté que era lo que hacia, pues se veía en buen estado "físico" al igual que los abuelos y el tío Manuel… Me explicó que ellos se ven según como los recuerda la gente, mientras mejor los recuerden, ellos mejor se ven tanto de salud como físicamente, -Cuando la gente nos olvida es cuando empezamos a deteriorarnos, pero yo se que tu me recuerdas bien y mucho primazo! me dijo dándome un golpe con su puño en el hombro.

Brindamos chocando los vasos y no habíamos tomado ni media cerveza, cuando mi bisabuela se asomó y me dijo un poco angustiada, -Hijo, te tienes que ir. Yo le respondí –No Mamasil, aquí me siento bien a gusto y no deseo regresar. Era la verdad, yo sentía una paz interior bien cabrona y no me preocupaba absolutamente nada!

-Levántate y acompáñame a la salida, que aún no es tu hora! No te preocupes que nosotros iremos por ti cuando sea el tiempo, me dijo mi querida bisabuela Mamasil… Salí de la casa, no sin antes despedirme rápidamente de todos ellos, mi tío me aguardaba en la salida para llevarme de regreso de donde venimos.

Salimos del pueblo y empezó de nuevo la oscuridad, en el cielo nublado puede notar que pasaban muchas sombras grandes pero no alcanzaba a ver que eran, le pregunte a mi tío que pedo con eso..? Y me dijo que eran las almas negras de personas corruptas, malos políticos, delincuentes, o que le iban al América o que habían cometido suicidio, se dirigían directamente a una especie de encierro donde sufrirían durante siglos mientras esperaban a ser juzgados.

Seguimos caminando, luego sentí un frío que me calaba hasta los huevos, cruzándome de brazos para obtener algo de calor, le dije a mi tío Manuel –Uta, nunca había sentido un frío tan culero! Cierra los ojos, me dijo, poniendo una de sus manos sobre mis parpados… El frío se fue de inmediato y cuando abrí los ojos era de madrugada, estaba yo sólo a las puertas del cementerio, mi bicicleta junto a mí y ni rastro del Beto.

Era extraño, nadie sabía nada de mi amigo desde aquella tarde. Varios días no salí de mi casa. Luego salió publicado en el diario local que fue encontrado el cadáver de un joven, tirado a las afueras del cementerio abandonado, traía unos cortes en las muñecas por donde se le había escapado la vida tristemente.

Beto tomó una mala decisión, no pudo soportar la ausencia de su novia Cindy a la que quería mucho… Y ella se lo llevó, desgraciadamente no estarán juntos pues él era una de esas almas negras que yo había visto pasar volando.

Ese día decidí nombrar a mi bicicleta con el nombre de "Beto" en memoria de mi querido amigo y así recordarlo para prender una velita que lo guíe al camino de la luz eterna.

FIN

Eduardo Manuel Paredes Martínez
30 de Noviembre de 2012 
Mérida, Yucatán, México.

PD: Poco tiempo después de estos suceso, me di cuenta que en ese viaje no ví a mi padre, William, que falleció en un accidente en motocicleta en la carretera a Progreso, cuando yo tenía únicamente 3 años, y no lo vi por obvias razones... Por eso recordemos por siempre a nuestros muertitos para que estén siempre vivos..!!!